Benidorm ha iniciado la renovación del adoquinado de la calle Sacerdote Juan Andrés Rodríguez Serrano, una vía que conecta el Paseo de Levante con la avenida del Mediterráneo. El pavimento presentaba hundimientos en varios tramos, principalmente por el paso frecuente de vehículos pesados, y generaba riesgos para peatones y vehículos de dos ruedas. La actuación retirará los adoquines y los recolocará sobre una base de hormigón en masa. El contrato menor tiene un presupuesto de 48.294,62 euros, un plazo aproximado de un mes y mantendrá abierto el paso peatonal durante los trabajos.
La obra estabilizará el adoquinado sin cerrar el tránsito peatonal durante su ejecución
Una intervención motivada por los hundimientos del pavimento
La renovación de la calle Sacerdote Juan Andrés Rodríguez Serrano responde al deterioro acumulado en su calzada. El informe técnico municipal identificó hundimientos en varios puntos del adoquinado, una situación relacionada principalmente con el tránsito frecuente de vehículos pesados. Las irregularidades no eran únicamente un problema estético: alteraban la superficie de paso y podían comprometer la seguridad de quienes recorren la vía a pie, en bicicleta, en motocicleta o con otros vehículos de dos ruedas. La actuación se plantea, por tanto, como una reparación funcional destinada a devolver estabilidad al firme y a reducir los riesgos derivados de una pavimentación desigual.
El alcalde Toni Pérez y el concejal de Espacio Público, Francis Muñoz, visitaron la zona junto a técnicos y responsables de la obra para comprobar el estado del pavimento y conocer el desarrollo previsto. Durante esa visita se constató que los hundimientos dificultaban tanto el tráfico peatonal como el de los vehículos más vulnerables ante una superficie irregular. La decisión municipal parte de esa evaluación técnica y del uso real de una calle con actividad durante buena parte del día. El objetivo anunciado es corregir las deformaciones antes de que puedan agravarse o provocar incidentes.
La intervención no supone abrir una vía nueva ni cambiar su trazado. Se centra en renovar y sustituir el sistema de apoyo del adoquinado existente para recuperar una superficie regular. Esta precisión es importante porque permite entender el alcance del contrato: se actúa sobre el firme deteriorado y sobre la base que debe sostenerlo, manteniendo la función urbana de la calle. Según la información oficial, la necesidad se considera urgente por razones de accesibilidad y seguridad, especialmente en una época en la que el número de usuarios aumenta y cualquier desnivel puede tener consecuencias mayores.
La reparación también permitirá comprobar el estado real de la base una vez retiradas las piezas. Esa observación directa es necesaria porque parte del deterioro permanece oculto mientras los adoquines siguen colocados. Cualquier decisión adicional deberá mantenerse dentro del contrato y de las indicaciones técnicas, sin anticipar problemas que todavía no se hayan confirmado. La referencia pública sigue siendo la misma: estabilizar el firme, eliminar irregularidades y devolver a la calle condiciones adecuadas para su uso habitual.
Una calle de conexión entre Levante y la avenida del Mediterráneo
La ubicación explica buena parte de la prioridad concedida a la obra. La calle Juan Rodríguez comunica el Paseo de Levante con la avenida del Mediterráneo, dos ejes con un movimiento intenso de residentes, trabajadores y visitantes. No se trata de un vial aislado ni de uso ocasional, sino de un enlace que canaliza desplazamientos peatonales y rodados entre la primera línea y una de las principales avenidas de Benidorm. Cuando el pavimento de una conexión de estas características pierde regularidad, el problema afecta a perfiles de usuario muy distintos y puede interferir en recorridos cotidianos.
La temporada estival añade presión al espacio público. El aumento de desplazamientos hace que cualquier defecto del firme se repita como obstáculo muchas más veces a lo largo del día. Toni Pérez señaló que el tránsito significativo de peatones y vehículos reforzaba la necesidad de actuar sin aplazar la reparación. La obra busca que el recorrido vuelva a ofrecer una base estable y previsible, algo especialmente relevante para personas mayores, usuarios con movilidad reducida, familias con carritos y conductores de vehículos de dos ruedas, aunque la comunicación municipal no cuantifica el volumen concreto de paso.
El Ayuntamiento de Benidorm ha encuadrado la actuación dentro de la mejora de las condiciones de uso del vial. La seguridad en una calle urbana no depende solo de la circulación de automóviles; también exige pavimentos continuos, recorridos legibles y compatibilidad entre quienes comparten el espacio. Al intervenir en una conexión muy utilizada, la reparación puede evitar que pequeños hundimientos se conviertan en puntos de tropiezo o pérdida de estabilidad. El resultado esperado es una calle más uniforme, manteniendo su papel de enlace entre Levante y la avenida del Mediterráneo.
La continuidad del recorrido resulta especialmente importante cuando los desplazamientos se producen a pie. Un desnivel aislado puede obligar a variar la trayectoria o a invadir zonas menos cómodas, mientras que una sucesión de hundimientos hace menos previsible todo el tramo. Renovar la superficie facilita que cada usuario mantenga un itinerario claro. Esa mejora no añade nuevas funciones a la calle, pero permite que la conexión existente cumpla mejor su cometido durante los meses de mayor actividad.
Los adoquines se recolocarán sobre una base de hormigón
La solución técnica anunciada comienza con la retirada del pavimento actual de adoquines. Esta fase permitirá acceder a la base y corregir el origen de las irregularidades, en lugar de limitarse a nivelar superficialmente las piezas visibles. Después se ejecutará una base de hormigón en masa, concebida para proporcionar un apoyo estable. Finalmente, los adoquines se colocarán de nuevo sobre esa superficie. La secuencia busca que el acabado conserve la imagen del vial, pero con una estructura inferior capaz de mantener la regularidad y soportar mejor las cargas asociadas al uso de la calle.
Reutilizar o recolocar el adoquinado no significa devolverlo a las mismas condiciones anteriores. La clave de la intervención está en modificar el soporte sobre el que descansa. Cuando una base cede o presenta diferencias, las piezas superiores terminan reproduciendo esos movimientos. Al introducir una superficie continua de hormigón, los trabajos pretenden eliminar las zonas hundidas y conseguir un firme más homogéneo. La comunicación oficial no ofrece detalles sobre espesores, tramos exactos o fases internas, de modo que no procede añadir especificaciones que todavía no han sido publicadas.
El sistema elegido también debe facilitar que la calle mantenga una transición ordenada con los accesos y espacios contiguos. Durante la ejecución será necesario retirar, preparar y volver a colocar materiales sin perder de vista el tránsito que continúa alrededor de la obra. Los técnicos y responsables del contrato supervisarán ese proceso conforme al proyecto definido para el contrato menor. Para los usuarios, la mejora se percibirá principalmente en la eliminación de desniveles y en una superficie más estable. Para el mantenimiento urbano, la actuación aborda el soporte del pavimento y no solo sus síntomas visibles.
La correcta ejecución de cada fase será determinante para que la mejora tenga continuidad en el tiempo. La base debe quedar preparada antes de recuperar el acabado superior, y la recolocación debe respetar niveles y encuentros con el resto del pavimento. No basta con que la calle presente una imagen uniforme el día de la apertura; el objetivo es que el soporte reduzca la posibilidad de nuevos hundimientos asociados al uso. Esa durabilidad explica el protagonismo de la base de hormigón en la solución elegida.
Presupuesto de 48.294 euros y un mes de ejecución
La obra se tramita mediante un contrato menor con un presupuesto de 48.294,62 euros. La cifra incluye la intervención necesaria para retirar el pavimento, preparar la base y recolocar el adoquinado en las condiciones previstas. El plazo estimado es de aproximadamente un mes. Tanto el importe como la duración proceden de la información municipal y delimitan el alcance de una actuación concreta, centrada en corregir el mal estado del firme de esta calle y no en una reforma general de todo el entorno de Levante.
El calendario deberá convivir con la actividad habitual de la zona. Ejecutar la obra en verano supone trabajar en un periodo de alta afluencia, pero el consistorio considera que el uso intensivo de la calle hace más urgente eliminar el riesgo. Según explicó el alcalde, el momento se acordó con vecinos de edificios colindantes y con los técnicos municipales. Ese consenso pretende coordinar las necesidades de seguridad con las molestias inevitables de una intervención en la vía pública, aunque no elimina la posibilidad de ajustes puntuales mientras avancen los distintos trabajos.
Un plazo aproximado no equivale a una fecha cerrada de finalización. La duración efectiva puede depender del desarrollo normal de la obra y de las condiciones que se encuentren al levantar el pavimento. La referencia oficial es un mes y debe utilizarse como estimación. Durante ese periodo, los usuarios deberán respetar la señalización y las indicaciones establecidas en cada tramo. La inversión se justifica por la necesidad de recuperar la estabilidad del firme, mejorar la accesibilidad y reducir situaciones de peligro en una conexión que mantiene un tránsito relevante durante la temporada estival.
La transparencia sobre importe y plazo permite a la ciudadanía identificar qué actuación se está ejecutando y con qué referencias. El seguimiento deberá comprobar que el resultado corresponde a la finalidad anunciada y que la calle recupera las condiciones previstas. Hasta la finalización, las cifras no deben confundirse con una liquidación definitiva ni utilizarse para atribuir costes no publicados. Son los datos oficiales de partida de una obra delimitada, con un objetivo concreto y un calendario aproximado.
Al concluir, la recepción técnica permitirá comprobar el acabado antes de normalizar completamente el uso. Esa revisión forma parte de la responsabilidad de asegurar que la inversión pública se traduzca en una mejora efectiva y observable.
El paso peatonal se mantendrá durante las obras
La planificación municipal prevé compatibilizar los trabajos con la circulación de los usuarios. La calle no se cerrará al tráfico peatonal durante la intervención, según la información difundida. Esto implica organizar las fases de obra para conservar itinerarios utilizables mientras se retira y repone el pavimento. Mantener el paso es especialmente relevante por la función de conexión entre la avenida del Mediterráneo y el Paseo de Levante. No obstante, que la vía permanezca abierta no significa que todos los puntos estén disponibles al mismo tiempo ni que no existan desvíos puntuales dentro del área de trabajo.
Quienes circulen por la zona deberán prestar atención a la señalización temporal, a las barreras de protección y a las instrucciones de los operarios. La convivencia entre una obra activa y el tránsito peatonal exige prudencia por ambas partes. El objetivo es reducir las molestias sin rebajar las condiciones de seguridad necesarias para ejecutar la base de hormigón y recolocar los adoquines. La información municipal no concreta cómo se organizarán cada día los accesos a portales o establecimientos, por lo que cualquier modificación deberá comunicarse sobre el terreno conforme avance la actuación.
Al finalizar, la calle debería recuperar un pavimento estable y regular, con mejores condiciones para peatones y vehículos de dos ruedas. La utilidad de la obra se medirá en esa experiencia cotidiana: menos desniveles, una superficie más previsible y un recorrido más seguro. El proyecto también muestra la importancia del mantenimiento preventivo en vías sometidas a cargas frecuentes. Corregir los hundimientos ahora evita normalizar un deterioro que ya había sido identificado como peligroso. La intervención reúne así tres objetivos inseparables: conservar la conexión urbana, garantizar el paso durante los trabajos y mejorar de forma duradera la accesibilidad del vial.
Mantener la circulación exige que las zonas habilitadas sean comprensibles y estén separadas de los trabajos. Si en algún momento la operación obliga a modificar el itinerario, la prioridad debe ser ofrecer una alternativa señalizada. La colaboración de residentes y visitantes puede reducir incidencias, especialmente en las horas de mayor movimiento. Una obra compatible con el paso sigue siendo una obra activa: conviene evitar distracciones, no atravesar barreras y conceder espacio a la maquinaria y al personal que interviene.
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Información elaborada a partir de la comunicación oficial publicada el 4 de agosto de 2026.


